Ruido y susurros
Lo que tiene importancia
Todos tenemos una lista de cuestiones importantes que tenemos que atender con cierta urgencia: El informe que pidió el jefe para ayer. El ruido que hace el coche. Los meses que lleva el vecino del quinto sin devolver el saludo. La maldita humedad que ha salido en el piso de abajo. Que el seguro no responde a la enésima llamada.
Vivimos rodeados de asuntos que nos ocupan la cabeza; roban conversaciones y alteran nuestro sueño. Son enormes porque la perspectiva hace que lo que está muy cerca parezca inmenso. Nos sumergimos en su vorágine y no logramos salir de la corriente que nos arrastra.
Entonces, sin previo aviso, algo irrumpe. Su aparición rompe nuestros esquemas. Nos deja sin palabras, las manos en la cabeza y la mirada perdida. Llega hasta nosotros lo que tiene realmente importancia. Puede tratarse de una llamada del hospital, el primer llanto de un hijo o percatarte de que la de ayer fue la última conversación que mantuviste con alguien a quien creías eterno.
Lo que ayer parecía importante sigue existiendo, sí. Porque el coche continúa averiado; el vecino sin saludar y el informe esperando en la mesa. Pero han perdido peso. Han sido desplazados por algo más grande. Una sola cosa eclipsa todas las demás. Descubres que confundías cantidad con trascendencia. Antes había mucho ruido. Lo importante, como todo lo que alza el volumen, significa más bien poco. En cambio, lo que sí tiene importancia no alza la voz. Nos habla en susurros. No lo escuchamos porque la vida nunca baja el volumen a todo lo demás.
Entiendes que el tiempo con las personas que quieres nunca ha sido un premio que podías dejar para después, sino que se trata de la única razón por la que la vida merece la pena. Descubres por las malas que la salud no es un asunto más en la lista de propósitos de año nuevo, sino el andamiaje de todo lo demás. Aprendes que el amor, la amistad o la posibilidad de abrazar a alguien no son capítulos secundarios de una ópera, sino que se trata del único argumento de tu historia.
Sin embargo, pasado un tiempo, la memoria hace su trabajo. Las urgencias vuelven a opacar todo el horizonte. El vecino, el trabajo y, en definitiva, la vida cotidiana, vuelven a parecer el centro sobre el que gravita todo. Ya es tarde porque lo hemos olvidado.
Se nos olvida que lo importante cambia cada mañana, pero lo que tiene importancia nos acompaña toda la vida.
La serie Lo que tiene importancia continúa con el artículo: La edad de los susurros
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